Básicamente dos cosas: respeto y sexo.
Así de simple?. Sí… y para que te sorprendas aún más, ambas son idea de Dios.
Hombres y mujeres somos diferentes y tenemos diferentes puntos de vista. Por eso no trates de tener en tu esposo a una buena amiga, que te oiga y que llore contigo. No busques nunca que él piense, actúe ni hable como una de nosotras porque no lo hará. Si quieres entenderlo y conseguir que él tenga mejor disposición hacia ti, vas a tener que confiar a su Creador para saber tratarlo.
Los hombres son criaturas simples, al menos en relación a nosotras. Dicen lo que piensan sin agregar detalles ni adornar verdades por incómodas que sean, comen cuando tienen hambre, estan orientados a las metas y no a las relaciones, buscan siempre resolver problemas y lo que quieren de tí como esposa tampoco es complicado. Quieren respeto y sexo.
A cada género Dios pide lo que más le cuesta hacer. No para frustrarlos, sino para refinar sus caracteres. Un hombre no tiene como prioridad ser amado, ¡y cómo le cuesta amar!..en cambio a las mujeres no nos cuesta amar, pero sí respetarlos. Pensamos que deben ganarse el respeto, pero Dios ordena en su Palabra que respetemos a nuestros esposos sin condiciones. De la misma forma que ordena a ellos amarnos sin condiciones. Qué tarea!
La satisfacción sexual es su necesidad número dos. Sabia es la mujer que entiende esto y que no se niega a su esposo de manera constante o para manipularlo; porque para él la sexualidad es su manera de amar y de tener intimidad emocional con su esposa, es su forma de estar conectado con ella. Por algo dijo Dios “No es bueno que el hombre esté solo”.
